Crisis de liderazgo en la política tanájica
- Jan 1, 2005
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Después de las últimas elecciones en Israel llega el momento de la reflexión. También en nuestro pasado se produjeron dramáticos traspasos de poder. Una vez más, nuestra fuente máxima nos ofrece varios modelos.
En estos días Israel vive un momento de crisis de liderazgo político. Ariel Sharón es reconocido, tanto por la oposición como por la coalición, como el líder más influyente en la vida política de Israel en los últimos diez años. Tanto de izquierda como de derecha se pueden escuchar críticas de corte ideológico, pero nadie duda de la inmensa capacidad de liderazgo que Sharón demuestra. Desde el momento en que se internó en el hospital Hadassah Ein-Kerem, se siente un vacío liderazgo increíble. En los medios de prensa se pudieron ver las expresiones de "horfandad" y "abandono" por parte del pueblo, y la representación de Sharón como "el padre de la nación" o "el líder inapelable", comparable sólo con personajes como David Ben-Gurión, Menajem Beguin o Itzjak Rabin.
Su lugar, por tiempo indefinido o no, fue tomado con toda naturaleza por Ehud Olmert, ex-intendente de la ciudad de Jerusalem y miembro de la Knesset desde hace muchos años, quien sigue a Sharón ideológicamente y fue el primero en unirse a su nuevo partido, Kadima, cuando Sharón abandonó el Likud.
Desde entonces el partido Kadima se ha mantenido a la cabeza de las encuestas de intención de voto durante toda la última campaña electoral con vistas a los comicios realizados el 28 de marzo. Explican los analistas, que parte del fenómeno tiene que ver con el sentimiento popular hacia Sharón más que con la convicción de que Olmert es un líder del tamaño de Sharón, y que puede ocupar su lugar en la historia de Israel de la misma manera. Las sensaciones y los sentimientos del pueblo hacia Olmert son confusos y entreverados. Todos lo reconocen como sucesor de Sharón, pero no todos lo pueden figurar como Primer Ministro (a pesar de la tremenda experiencia política de Olmert).
Esta situación de crisis de liderazgo nos es familiar a lo largo de la historia judía. Tampoco faltan ejemplos desde un punto de vista cultural. En el Tanaj podemos encontrar muchos casos parecidos, de los que desarrollaremos aquí tres destacados.
Moisés y Josué
Si abrimos el Tanaj y leemos de corrido desde Deuteronomio XXXIV,1 hasta Josué I, 18; veremos la transferencia de poder entre ambos personajes. Está claro que en términos de liderazgo el Tanaj está muy lejos de la democracia y los líderes son electos, según el autor bíblico, por Dios. Es Dios quien transfiere el poder a Josué y por lo tanto su liderazgo es indiscutible.
Sin embargo hay que destacar que si bien Dios juega el papel de "autoridad máxima" en cuanto a quién es o no el líder, es Moisés quien decide que sea Josué y no otro, su aprendiz, ayudante y finalmente su sucesor. Bien podría haber muerto Moisés sin influir en absoluto sobre la identidad de su sucesor, y dejarle a Dios el rol de elegir a uno de los príncipes de las doce tribus. No es este el caso, claro está. Moisés adopta a Josué desde muy temprano, y cabe resaltar que en una sociedad patriarcal pensaríamos que lo lógico fuera que Moisés nombrase como sucesor a su propio hijo, Guershón. Sin embargo ello no ocurre. En cambio, Moisés educa como líder a Josué, que no es su hijo y ni siquiera es de su propia tribu (Moisés pertenecía a la tribu de Leví y Josué pertenecía a la tribu de Efraím). Es Josué quien lo acompaña casi hasta la cima del Sinaí cuando Moisés se apresta a recibir las tablas de la ley. Es Josué el que da información correcta y "optimista" sobre la tierra de Israel, en comparación con los demás espías que Moisés envía. Es Josué quien sale en defensa de Moisés cada vez que la crítica lo acosa.
Al comenzar la cadencia como nuevo líder, Josué recibe todo el apoyo moral y "técnico" por parte de Dios. Éste lo corona y unge como líder y ordena al pueblo obedecerle exactamente como lo ordenó cuarenta años antes con Moisés. A pesar de esto, Josué sabe que nunca podrá llegar al nivel de Moisés, en grandeza, sabiduría, y sobre todo en lo que respecta a los sentimientos del pueblo.
Esto lo vemos fielmente representado en dos pasajes. El primero es en sí la primera vez que Dios le habla a Josué, cuando le repite varias veces que así como hizo con Moisés hará con él (Jos. I, 2-9). En este discurso de Dios a Josué, Dios nombra únicamente a Moisés, sin mencionar a la tradición de los patriarcas u otros personajes.
El segundo pasaje describe la primera crisis, la primera decisión de gobierno que debe tomar Josué (Jos. I, 13-15). Al cruzar el río Jordán dos tribus y media se quedan del otro lado sin cruzar. Josué resuelve no crear un conflicto interno y dejarlos quedarse en su nuevos asentamientos del lado oriental del Jordán, haciéndoles jurar que ayudarán en la guerra y cuando el ejército complete la conquista de la tierra para todas las tribus, podrán volver a sus propiedades. En este discurso Josué, antes que nada, cita a Moisés, en uno de sus antiguos discursos a las tribus durante la travesía por el desierto. Dicho sea de paso, tanto Josué como estas dos tribus completas (Rubén y Gad) y media tribu de Manasés, cumplen con el pacto. Primer éxito político para el nuevo líder.
Guidón y Avimélej
Al morir Guidón, uno de los personajes más famosos del Libro de los Jueces, deja detrás a setenta y un hijos, de los cuales setenta eran de sus varias esposas y vivían todos en la casa de Guidón, mientras que uno era un hijo "bastardo", de sus relaciones con su concubina de la ciudad de Shjem, y su nombre: Avimélej (Jue. VIII, 29-35, IX, 1-57). Avimélej puede ser reconocido como el mayor de los demagogos bíblicos. Al morir su padre atemoriza a la población de Shjem, sosteniendo que no es concebible que éstos sean gobernados por algún descendiente de Guidón de fuera de la ciudad, teniendo a un descendiente como parte de la comunidad local. No es claro si Avimélej habla de gobierno local o nacional, lo cierto es que convence a los ricos en Shjem de financiarle una campaña de asesinatos, a través de los cuales mata a sus hermanos con el objetivo de eliminar toda competición posible.
El resto es historia, el gobierno de Avimélej es inestable, repleto de conflictos internos, hasta que el propio Avimélej muere de la manera más absurda y grotesca. Pero lo interesante está en la comparación con el relato anterior, el de Moisés y Josué. En ambos relatos existe una crisis de liderazgo en el momento en que el líder popular e indiscutible deja de ser un factor en la ecuación. En el primer relato vemos un traspaso suave y ordenado del poder por parte del líder a manos del sucesor. En el segundo relato, en cambio, la crisis de liderazgo crea una crisis social de caos, al no existir un sucesor definido, y la situación es aprovechada por un líder con ciertos niveles morales por demás bajos.
Guidón, líder por demás indiscutible (tanto es así que el pueblo le pide que sea rey...), comete la más insólita y común de las faltas, no invierte en la educación de la nueva generación de líderes. Es éste un mal común en nuestro mundo, y aceptémoslo, un mal muy común en la mayoría de las comunidades judías de la diáspora.
De este texto podemos entender que el líder que se considera a sí mismo eterno, puede hacer mucho bien a su comunidad o nación a corto plazo, pero a largo plazo su error puede derviar en consecuencias atroces. La historia está llena de ejemplos, tales como el de Ataturk en Turquía, De Gaulle en Francia, Churchill en Gran Bretaña, y Roosvelt en Estados Unidos. Todos estos líderes fueron tan centrales, tan inmensamente adorados por las masas, que su pasar dejó un vacío tremendo en la sociedad, un vacío que es difícil o casi imposible de llenar.
La segunda moraleja de este relato tiene que ver con nuestras frágiles democracias. Avimélej toma el gobierno por la fuerza, eso es cierto, pero cuántos como él tomaron el gobierno de forma completamente democrática en nuestra modernas civilizaciones... Ante situaciones de caos social, teniendo aun un sistema democrático estable, el pueblo tiende a creerle a charlatanes, que generalmente esconden detrás de su fachada una política oscura de "bajos contenidos morales".
El ejemplo más claro y más extremo, es el de Hitler. Recordemos que Hitler tomó el gobierno y estableció una dictadura, solamente después de haber sido electo democráticamente. Recordemos también que la situación de Alemania a principios de la década del treinta era de un absoluto caos social y económico, campo fértil para demagogos y charlatanes. Y entonces, la pregunta que uno debe fromular sería... ¿quiénes fueron los responsables de la situación caótica de Alemania en los años treinta, que permitió la elección de Hitler? La respuesta es compleja y se la dejaremos como desafío a los historiadores...
Avshalom, Avshalom
Tenga ahora el lector la bondad de releer los capítulos XIII, XIV, XV, XVI, XVII y XVIII del segundo libro de Samuel. Encontramos en estos capítulos la historia de Avshalom y David, hijo y padre. Vimos como el mando pasó de manos de Moisés a Josué, de manos de Guidón a Avimélej, y en ambos casos el líder veterano desaparece del mapa político, para dejarle lugar al líder joven. Sin embargo el joven Avshalom no puede esperar a que su padre, el rey David, fallezca de muerte natural, para tomar su lugar.
La tensión aquí es muy grande. David tenía muchos hijos, y no estaba claro cuál de ellos debería acceder al trono. Esta tensión no existía en el caso de Moisés, porque nadie querría tomar su lugar, considerando la tremenda responsabilidad y el poco reconocimiento. Lo mismo se puede decir sobre Guidón, que si bien era alabado por el pueblo, no era rey.
La tensión alrededor de David no tiene precedentes en el Tanaj, ya que es el primer verdadero rey (no tomamos en cuenta a Saúl ya que es destituido largos años antes de que algún tipo de conflicto se desarrolle). No solamente es el primero, sino que es además el fundador de la dinastía real de la tribu de Judá.
Tras matar a su medio-hermano Amnón, por la violación y despojo de su hermana Tamar, Avshalom escapa a un reino vecino, exiliándose por tres años. Mientras tanto, David añoraba a su hijo preferido y lo perfilaba como su sucesor. Joab, el jefe del ejército de David, organiza una especie de complot para que el rey permita el regreso de Avshalom. El hijo pródigo vuelve a Israel, pero no al palacio del rey, instituyéndose como alternativa y hasta se diría como oposición a su padre, siendo muy popular y querido por el pueblo.
De ahí en más, por el período de dos años, Avshalom se comporta verdaderamente como el jefe de una mafia. Para atraer la atención de Joab y utilizarlo como medio para acceder al rey, Avshalom manda a incendiar los campos de Joab. Después organiza un grupo de mercenarios que lo siguen, y oficia de juez en pleito (función que solamente el rey, o quien fuese denominado por él, podía cumplir). Durante estos juicios, critica la administración de David utilizando los problemas personales de cada uno como ejemplo, acusando a David de no servir al pueblo apropiadamente.
Hasta que finalmente Avhsalom organiza una revuelta en contra de David para tomar su lugar. Avshalom marcha sobre Jerusalem y David debe escapar, exiliándose. Avshalom toma la casa del rey, se acuesta con sus concubinas y compra a sus ministros.
Luego Avshalom acepta el consejo de Ajitófel: no basta el hecho de que David ha sido expulsado, además hay que salir a buscarlo y eliminar todo posible intento de vuelta al poder por su parte. Este es el peor de los consejos, y le cuesta a Avshalom su precario reinado. Agentes secretos de David le dan la información necesaria y el ejército de David en el exilio pone una trampa a Avshalom y a sus hombres, terminando así esta "aventura" y devolviendo a David al poder.
No abundaremos en más detalles. Recomiendo la lectura de otros pasajes parecidos, como los relacionados con Guedaliahu, el rey Ajav, y la fascinante figura de la profetiza Déborah. Lo interesante es que el mensaje del Tanaj es muy claro. En los casos donde el poder fue tomado a la fuerza, utilizando la violencia y violando las reglas del juego, éstos gobiernos estarán destinados a la perdición. En los casos en los cuales el liderazgo fue pasado de manos de una generación a otra, de forma pacífica y organizada, según las reglas del juego, el gobierno es estable y duradero.
¿Quién decide cuáles son las reglas del juego? En el caso del Tanaj es siempre Dios, por supuesto. En nuestros tiempos, es la democracia, donde exista, y si no, la dictadura, que también fija reglas de cambio de gobierno. Sea como sea, el cambio siempre supone una crisis. La crisis puede ser pequeña, casi imperceptible, o puede ser profunda y llevar a desastres. La gran ventaja del sistema democrático es que los cambios (ergo las crisis) son previstos y se desarrollan en un marco estable con reglas y leyes prefijadas.









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