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La creencia religiosa, la ciencia y la verdad

  • Jan 1, 2005
  • 9 min read

El hecho de que la Biblia sea estudiable desde el punto de vista científico, no ensombrece el carácter del Libro de los Libros como único y fascinante.

Durante las últimas semanas he recibido algunos mensajes de lectores de Hagshamá, consultando u opinando en base a varios de los artículos que he publicado en este sitio.

Los comentarios, críticas y demás son siempre bienvenidos. A mi parecer, no obstante, toda crítica u opinión deben estar basados en ciertos fundamentos. He tratado de evitar el tema y concentrarme en lo importante, una lectura valorativa del texto bíblico, obviando ciertas discusiones interminables. Lamentablemente, llego a la conclusión de que estas discusiones son realmente inevitables, por lo que decidí abordar el tema en el presente artículo. ¿Quién escribió la Biblia? ¿Cuándo fue escrita la Biblia? ¿Cómo afecta todo esto a la santidad de la Biblia y la creencia en Dios?

La creencia religiosa

Definamos primero ciertos conceptos. Si bien la creencia en Dios (o en varios dioses como en el caso del hinduismo) es un requisito exclusivo y obligatorio para la religiosidad, esta misma relación no se cumple a la inversa, es decir, la creencia en Dios puede existir también en quien no se siente relacionado u obligado al cumplimiento de los rituales religiosos. Uso la palabra creencia, y no fe, a propósito.

Fe es un concepto más amplio, más generalizado. Uno puede tener fe en su equipo de fútbol favorito, o tener fe en un objeto o en una persona. La fe está conectada, en muchos casos, con la esperanza, con la idea de que algo bueno va a surgir de cierto acto o de cierta creencia. Por el contrario, la creencia en la existencia de Dios no tiene nada que ver con esperanza, o con buenas intenciones. Recordemos que es Dios, supuestamente, el que mandó el diluvio al mundo, y es el mismo Dios que contempló indiferente la exterminación sistemática de seis millones de judíos.

La creencia en Dios tiene que ver con la certeza, la veracidad subjetiva del creyente, que existe un ser superior y que este ser superior es el creador, el "gran jefe", para bien y para mal. La creencia monoteísta, judeo-cristiana y musulmana, sostiene que este ser superior, esta entidad, es inentendible por la limitada mente humana, es invisible, omnipresente, omnisciente, eterno, etc. Es decir, es todo lo que un ser humano no es y no podrá ser.

La creencia en Dios es un sentimiento completamente subjetivo. Aquel o aqulla que cree en Dios, cree. Es decir, llegó a convencerse, sólo o asistido, que existe algo llamado Dios. Su creencia en Dios es infalible, inapelable. El creyente no necesita pruebas o ecuaciones para creer en Dios, no necesita justificar su creencia. La creencia es independiente de cualquier justificación, la creencia depende simplemente de la personalidad del creyente, de su contexto cultural, social, político, económico, etc. Nadie puede probar la existencia de Dios, simplemente porque su existencia no se pone a prueba. Quien cree en Dios, no necesita pruebas.

Ahora bien, como mencioné antes, la creencia en Dios no necesariamente implica la aceptación y la práctica de la religión (y esto, claro está, cuenta para todas las religiones). En el caso del budhismo, por ejemplo, la creencia en Dios es meramente circunstancial y secundaria a la religión, pero éste es un caso extremo, sumamente interesante, pero que dejaremos por ahora de lado.

Si tornamos el foco hacia la religión judía ortodoxa, fácilmente encontramos en el Tanaj, y sobre todo en sus primeros cinco libros (la Torá), la base filosófica, moral y práctica de la religión. Esta autoridad es otorgada a la Torá a través de una fórmula que incluye dos premisas: 1) Dios existe, 2) Dios le entregó la Torá a Moisés en el Sinaí y el resto de los libros del Tanaj, aunque escritos por hombres, fueron creados bajo el "espíritu divino" (las visiones de los profetas, etc.).

Analicemos esta fórmula. Su primera premisa tiene que ver con la existencia de Dios, aquella sensación completamente subjetiva e independiente de justificación o razones.

La segunda premisa tiene que ver con algo mucho más complejo. En los ámbitos religiosos existen varias discusiones sobre el tema. Para el judaísmo ortodoxo, ultraortodoxo, neo-ortodoxo y parte de los conservadores, la Torá fue dada por Dios a Moisés en el Sinaí. Segun éstos, además, Dios dio a Moisés la Torá oral, es decir, la interpretación de la palabra escrita, que fue transmitida verbalmente de generación en generación hasta que fuera llevada a la escritura durante la época romana.

Para el judaísmo conservador, reformista y reconstruccionista, la escritura de la Torá es obra de hombres, a lo largo de los años, al igual que la Torá oral. Sin embargo, enfatizan que según su línea de pensamiento, el hecho de que la Torá haya sido escrita por hombres y no por Dios, no quita que sea sagrada. Tampoco tiene esto que ver con la existencia o no existencia de Dios. Judíos reformistas y otros son fieles creyentes en Dios, gente religiosa que ha tomado la exégesis bíblica desde una óptica mucho más moderna.

Finalmente, podemos hablar también del judaísmo laico (o secular), salvo que nos enfrentamos aquí a una contradicción. Si bien entre el 70 y 80% de la población judía en el mundo es secular, no existe a gran escala, un "movimiento judío secular". Más allá de esto, la pregunta sobre quién escribió la Biblia, Dios o ciertas personas, es básicamente irrelevante para la gran mayoría de la gente secular, y esto es inherente a la condición del secular, es decir, de aquella persona no religiosa.

Repitamos nuevamente, ésto no tiene nada que ver con la creencia o no creencia en Dios. Según varias encuestas, el 90% de los seculares creen en Dios. Simplemente, no se sienten conectados o atraídos por los rituales religiosos, y la explicación religiosa de Dios y de los preceptos de la Torá es irrelevante para su propio estilo de vida.

La ciencia

El estudio científico-académico de la Biblia ha avanzado a pasos de gigante en los últimos 40 años. Este fenómeno está basado en la combinación de herramientas, la visión multi-disciplinaria. Expertos en el área de la historia, arqueología, mitología, literatura, filosofía, sociología, psicología y antropología, han cooperado para un entendimiento más profundo del texto bíblico. Trataremos entonces de reproducir en pocas líneas las principales conclusiones de tantos años de investigación.

Primeramente debemos referirnos a la Torá como lo que es, desde el punto de vista científico. La Torá, como parte principal de todo el Tanaj, es el documento escrito del establecimiento de la conciencia colectiva y del mito nacional judío. En él se describen los principales mitos universales y personales. Además, la Torá contiene una vasta literatura etiológica, así como una amplia discusión moral y legal (es básicamente un libro de leyes).

Así como la Ilíada de Homero forjó la conciencia colectiva de los griegos y estableció una identidad griega, lo mismo hizo el Popol-Vuh con los mayas, los Vedas con los hindúes, el Korán con los musulmanes, y la Biblia con judíos y cristianos. Desde este punto de vista, el mito nacional judío no es diferente a ningún otro tipo de mito nacional en el resto del mundo, salvo por una idea innovadora, la idea del monoteísmo (a pesar de que Zaratustra había sentado las bases del monoteísmo en cierta medida cientos de años antes).

Más allá, así como Apolo, Zeus y Afrodita son personajes en la trama de la Ilíada y la Odisea, de la misma manera el Dios único de la Biblia es un personaje principal del texto, pero es referido como un personaje más del argumento. Recordemos, que desde un punto de vista científico, no podemos tomar la existencia de Dios como una suposición a priori. Para la ciencia no existe la "creencia" en algo. La ciencia sabe o no sabe, nunca "cree que...". Ésta es la diferencia básica, sustancial, entre estas dos visiones tan distintas. En la religión, como dijimos, el creyente cree, sin ningún tipo de necesidad de justificar su creencia, su creencia es personal y subjetiva. En la ciencia, podemos saber algo o no saberlo. Si lo sabemos, es porque lo hemos comprobado varias veces a través del método científico, el cual es universal y completamente objetivo.

Ahora bien, ¿qué han descubierto los científicos sobre la Torá? Debemos primeramente mencionar que el estudio científico del texto bíblico se desarrolla en el idioma original de la Torá, y éste es el hebreo antiguo. A partir del anáilisis lingüístico, podemos encontrar por lo menos cuatro fuentes distintas, que fueron designadas como J (Jehovistic) source, E (Elohistic) source, P (Priest) source, D (Deuteronomic) source.

Un ejemplo claro del texto E se puede encontrar en las primeras líneas del Génesis, la primera versión de la creación (Gén. I, 1-31 y II, 1-3). Un ejemplo claro del texto J es la segunda versión de la creación (Gén. II, 4-25). J y E se intercalan en el resto del Génesis, a lo largo del Éxodo, en algunas partes del Levítico y en el libro de Números. El texto P es básicamente la mayor parte del tercer libro de la Torá, el Levítico y el texto D, como su nombre lo indica, es la totalidad del libro Deuteronomio.

Las raíces paganas de la nación judía son apreciadas en el texto E, repleto de mitos ampliamente difundidos en la cuenca del Mediterráneo y en Asia Menor, a través de los pueblos, entre ellos los judíos, establecidos geográfica y culturalmente entre las dos grandes primeras civilizaciones de la historia, los sumerios y los egipcios.

Las nuevas ideas sobre monoteísmo e independencia son obvias en el texto J, y son generalmente innovadoras y revolucionarias (como por ejemplo la abolición de la esclavitud). El texto P es básicamente un texto legal, que forma la base de la "ley penal y civil" de la nación, tremendamente influenciado por otras filosofías, como aquella que se desprende del código de Hammurabbi. El texto D, totalmente diferente, se ocupa pura y exclusivamente de la centralidad de Jerusalem y del Templo; su lenguaje es un poco distinto y las ideas ya encontradas en los libros previos son repetidas y reforzadas.

Pasemos un poco al área de la historia y la arquelogía. Para el creyente religioso judío, el mundo fue creado hace 5.766 años. En la visión religiosa, aproximadamente durante el 1700 hasta el 1600 A.E.C., el primer hebreo, padre fundador de la nación, Abraham, partió de la actual Irak para llegar a la Tierra Prometida y alrededor del año 1200 A.E.C. un líder judío de origen egipcio, llamado Moisés, se lanzó a la aventura de un éxodo masivo hacia el nor-este.

Sin embargo, hasta la fecha, ningún descubrimiento arqueológico o de otro carácter científico, ha comprobado estos eventos. En las vastas ruinas arqueológicas de todo Egipto, no se ha encontrado ningún registro de un tal Moisés, ni de una rebelión, ni de diez plagas. Ni siquiera un recuento de un éxodo masivo de esclavos.

La arqueología y el estudio científico de la Biblia se ponen a la par de la narración bíblica solamente a partir de la época del Rey David. Recordemos que, aproximadamente durante el año 1000 A.E.C., David conquista de manos de los jebuseos la cuidad de Jebus, reinaugurada como la capital de su reino bajo el nombre de Jerusalem.

La escritura de la Biblia en sí, es inclusive posterior a David, si bien esto no implica que dicha escritura no haya sido basada en textos o tradiciones orales mucho más antiguas que la época de David. Sin embargo, la escritura de los cinco libros tuvo lugar a partir de la división del reino de David en dos sub-reinos, aliados y enemigos entre ellos alternativamente, el Reino de Judá y el Reino de Israel. En la escritura de la Torá, el Reino de Judá tuvo un papel mucho más imoprtante. Durante una reforma del Templo llevada a cabo por el Rey Josías, el "libro de la Ley de Dios" es "casualmente encontrado" entre los escombros (II Reyes, XXII, XXIII). Esto sucedió aproximadamente en el año 630 A.E.C., y el "libro de la Ley de Dios" es identificado como el Deuteronomio. Para el resto de los libros de la Torá, otros procesos de investigación han seguido el mismo camino, utilizando la combinación de disciplinas, y se ha llegado a la conclusión de que los cinco libros fueron escritos a lo largo de la época del Reino de Judá, entre el 970 A.E.C y el 560 A.E.C. Es decir, la versión científica es completamente opuesta a la versión religiosa. Por lo menos en lo relativo al libro del Deuteronomio, ¡existe una diferencia de 600 años!

La verdad

La verdad es que la discusión sobre la escritura de la Torá es muy interesante. La verdad es que religión y ciencia no pueden ir de la mano, como algunos piensan. Pero la única y verdadera verdad, es que, haya sido escrita por Dios o por hombres, la Torá y todo el Tanaj, es un texto único, fascinante, apasionante, lleno de historias, mitos, folklore, tradición, ética, poesía, amor y odio, guerras y alianzas. En los artículos que he publicado hasta ahora en el sitio de Hagshamá, he tratado de dejar de lado la discusión y concentrarme en la visión y crítica valorativa del Tanaj, y no tanto en la crítica lingüística e histórica. Más allá de la pregunta sobre si el relato del diluvio es histórico o no, si verdaderamente existió un diluvio, en mi forma de ver las cosas es más interesante investigar preguntas, como por ejemplo, ¿fue el diluvio un castigo justificado?, ¿cuáles fueron realmente las cualidades sobresalientes de Noé, hizo realmente algo para merecer una segunda oportunidad?, etc.

Sin embargo, para aquellos que se interesan en la investigación científica del Tanaj, les recomiendo leer un libro extremadamente importante y básico para este tipo de discusiones, The Bible Unearthed, por Finkelstein y Silberman, 2002. Aquellos interesados en la discusión filosófica entre religión y ciencia, les aconsejo hacer referencia a alguno de los cientos de artículos y libros publicados sobre el tema, escritos por el difunto Rabino Yeshaiahu Leibowitz, un absoluto manantial de sabiduría. Finalmente, para poder entender la mitología bíblica, es imperioso referirse a El Mito de Max Müller (citado ya en otros artículos) y especialmente a La Mitología Judía de Haggai Dagan. ¡Buena lectura!.

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