Nada nuevo bajo el sol: las guerras y el Tanaj
- Jan 1, 2005
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La manera de concebir las guerras y los enemigos en el pueblo judío tiene su principio en el Tanaj. Entre aquellos tiempos y el presente, no mucho ha cambiado.
La tarea de elegir un símbolo nacional judío-israelí con el cual identificarnos estos días es una tarea difícil, ya que nuestra elección del símbolo estará profundamente influenciada por nuestra subjetiva opinión y ésta cambia con cada flash de noticias.
Muchos ven en esta actual guerra contra el Hizballah en suelo libanés, un posible paso más hacia el entendimiento por parte del mundo árabe de que Israel es una realidad, y no puede ser amenazada o atacada cada año bisiesto, y eligen símbolos como Ben-Gurión, Beguin o Rabin; líderes que extendieron una mano a la paz mientras que la otra sostenía una Uzi, primer rifle original israelí producido a gran escala, símbolo a su vez de la potencia y tenacidad de Tzahal, el ejército israelí. Es decir, mano extendida hacia los que quieren realmente vivir en paz, y un puño fuerte pronto para aquellos que quieren destruir a Israel.
Otros se identifican con otros símbolos nacionales, como ser nuestra bandera, nuestro himno o los imponentes rascacielos que albergan el shopping center Azrieli (es vital un poco de distracción en estos días). En otras épocas hubieramos tal vez elegido como símbolo a la naranja israelí, la prueba inapelable del retorno a la tierra y a la agricultura después de 2.000 años de exilio. Hoy, seguramente, hablaríamos del Tel-Tech (acciones de empresas tecnológicas) y las acciones de Teva en la bolsa de valores.
Y a pesar de todo esto, en mi opinión, el símbolo más adecuado a estas épocas es la Menorah. Símbolo original judío, surgió como necesidad religiosa (el ritual de iluminación continua en el Templo) y se expandió hasta consolidarse como símbolo nacional, relatando la historia de un pueblo que jamás ha perdido la fe en la redención y la salvación, postuladas por el movimiento sionista de liberación nacional como la creación final de un Estado soberano e independiente.
Si miramos detenidamente a la Menorah frente a la Knesset, obra del artista Beno Elkan de 1956 y regalo del Parlamento Británico a la joven Knesset, observamos 29 relieves a lo largo de los siete brazos. El más llamativo es uno de los localizados en el brazo central, donde un anciano de rodillas levanta sus brazos al cielo mientras que otros ayudan a mantener sus brazos levantados. El resto de los relieves se pierden un poco entre ésta imagen y las palabras inscriptas de Zacarías IV, 6.
Refidim...
Nos encontramos a poco tiempo tras la salida de los hebreos de Egipto (Éxodo XVII, 1-16), liderados por Moisés (el líder político), Aharón (el líder espiritual) y Josué (el líder militar). Tras cruzar el Mar Rojo en la zona de Refidim -en el corazón del desierto- el pueblo es libre, pero de qué sirve la libertad cuando no hay agua para calmar la sed.
La muerte está cerca y el pueblo se rebela. Moisés recibe órdenes de Dios, debe parar la travesía y golpear una roca con el mismo bastón que usó para convertir el Nilo (Ha'Yeor) en sangre. De la roca emana milagrosamente agua y el pueblo puede saciar su sed. Pero la rebelión y el milagro tienen su precio. Por un lado, el puebo ofende a Dios poniendo a prueba la palabra divina, dudando de si realmente han sido liberados para ser conducidos a la Tierra Prometida, o es que simplemente salieron de Egipto para morir en el desierto. (Dicho sea de paso, no es la última vez que Moisés se va a enfrentar a estos comentarios). Por otro lado, el campamento se detiene a discutir y luego a beber de la roca. Todo esto da posibilidad a Amalec de alcanzar a Israel en el medio del desierto y combatir.
¿Cuáles son las posibles razones de Amalec para atacar a Israel? No está en absoluto claro. Es ésta la primera vez que oímos hablar de Amalec en la Torá. En el libro del Génesis (XXXVI, 12) encontramos al padre-fundador de Amalec, descendiente de Esav, hermano y enemigo de Yaacov. Podemos por lo tanto solamente conjeturar. Seguramente la zona de Refidim pertenecía al pueblo de Amalec, y vieron como una invasión la llegada y estadía temporal de los exiliados de Egipto.
Pero si éste es el caso, entonces, ¿por qué Amalec no se comporta según el código normativo de la época? Según el código social-militar aceptado, en el momento en el cual un pueblo extraño invade el territorio de otro, el dueño de casa tiene el derecho de atacar después de haber mandado mensajeros con una advertencia previa para evitar la guerra. De esta manera podían las antiguas tribus comunicarse entre ellas y entender quién era un invasor y quién un comerciante y, como en el caso de los israelitas, un pueblo errante simplemente de paso hacia otro lugar. Era común también, en ciertos casos, la exigencia del pago de un tributo durante el paso por tierra de otros, una especie de "peaje" o "visa de turistas". Nada de esto se cumple con Amalec, según lo relatado en estos pasajes. Amalec ataca sin razón clara, ni siquiera sabemos a ciencia cierta si Refidim es la tierra de Amalec o no.
La Lucha...
Mientras Josué y su ejército protegen a niños, mujeres y ancianos del ataque de Amalec, Moisés suplica a Dios por su ayuda. Todo el tiempo que Moisés mantiene sus brazos alzados al cielo, el ejército israelita domina la batalla y es exitoso. Pero Moisés, hombre entrado en años, no puede mantener sus brazos alzados durante mucho tiempo. Cada vez que los baja, Amalec toma las riendas de la batalla y domina al ejército de Josué. Entonces, Aharón y Jur toman los brazos de Moisés y los mantienen alzados, para que por fin pueda Josué destruir a Amalec. El mensaje es increíble: 1) sin la ayuda de Dios la guerra está completamente perdida, pero la ayuda de Dios en sí misma es vital pero no suficiente, se necesita de Josué y de sus soldados para pelear la batalla; 2) Moisés no puede elevar sus brazos por sí mismo durante mucho tiempo, necesita de la ayuda de los demás, a pesar de su grandeza y su cercanía a Dios sigue siendo un hombre y nada más que un hombre, con brazos temblorosos y cansado, es la combinación de la fe y experiencia de Moisés con la ayuda de Aharón y Jur que el objetivo es cumplido; 3) el pueblo falto de fe, que poco tiempo antes murmuraba rebelión contra Dios y contra Moisés por la falta de agua, es ahora salvado ante sus propios ojos por la acción conjunta del ejército (en el texto simbolizado por Josué), el propio pueblo y sus líderes (es decir, Moisés, Aharón y Jur) y la inquebrantable fe en que al final de la batalla nosotros seremos los victoriosos (simbolizado aquí por la fe en Dios y su ayuda divina). Y es ésta la razón por la cual el segundo motivo más impresionante en la Menorah de la Knesset, es el relieve que recita parte del versículo 6, capítulo IV, el libro de Zacarías:
"לֹא בְחַיִל, וְלֹא בְכֹחַ--כִּי אִם-בְּרוּחִי, אָמַר יְהוָה צְבָאוֹת"
"No por el poder, ni por la fuerza, sino por Mi espíritu, dice el Eterno de los ejércitos"
La Prensa y el Revisionismo
Lo más interesante, en mi opinión, surge justamente al final de la batalla. El primer elemento que atrae la atención del lector son los últimos tres versículos (Éx. XVII, 14-16), donde Dios se compromete y compremete al pueblo a través de Moisés y Josué a borrar a Amalec de la faz de la tierra. Por la descripción y análisis hasta ahora, podemos entender que el ataque de Amalec fue injustificado y cruel, ¿pero eso amerita a tomar acciones tan drásticas por parte de Dios?
Entrados en el "arte" del revisionismo histórico, seguimos nuestra lectura hacia Números XIII, 29; donde comprobamos que la zona de Refidim en el desierto de Zin no era parte en absoluto del dominio territorial de Amalec, pueblo tanájico que originalmente habitaba la zona del Neguev, mucho más al norte. Más allá de esto, la promesa de destrucción de Amalec vuelve a sonar nuevamente, como recordatorio, durante la maldición-bendición de Balaam (Núm. XXIV, 20). Finalmente, ya casi al final de la travesía, llegando a las puertas de la Tierra Prometida, en un momento que debería ser de alegría y felicidad, nuevamente la promesa de eliminar a Amalec aparece, pero esta vez, recibimos muchos más datos de lo que pasó en aquella batalla, tantos años y páginas antes (Deut. XXV, 17-19):
"[17] Recuerda lo que te hizo Amalec en el camino, a la salida de Egipto; [18] cómo te acometió sin temor de Dios matando a los rezagados cuando ibas cansado y debilitado. [19] Pero cuanto el Eterno tu Dios te haga descansar de todos tus enemigos en el país que te dio por heredad, borrarás la memoria misma de Amalec de debajo del cielo. No lo olvides."
Ahora entonces, recibimos nuevos datos. No sólo carecemos de indicación alguna, como vimos antes, de que Amalec hubiera salido a la guerra bajo los códigos éticos aceptados en la época, sino que ahora comprobamos que la situación fue mucho peor. Amalec atacó a Israel por atrás ("los rezagados" = "åéæðá áê" de la palabra zanav), atacando primero a los debilitados y a los indefensos y, como vimos antes, muy lejos del territorio original de Amalec. De ahora en más, podemos entender la furia de Dios contra Amalec, que una y otra vez insta al pueblo judío a borrarlo de la faz de la tierra. Tanto es así, que el primer reinado judío independiente, según el Tanaj, el del Rey Saúl, cae a causa del incumplimiento por parte de Saúl de esta orden bíblica (ISamuel, capítulos XIV y XV).
La actualidad en Israel
A lo largo de las épocas se han identificado "amalecitas", deseosos de atacar sin ninguna razón al pueblo judío, basados simplemente en un odio ciego e indiscutible. Hamán, el ministro del Rey Asuero, que trató llevar a cabo un genocidio de judíos durante los días del Imperio Persa, y que no pertenecía étnicamente a la tribu de Amalec, pasó a ser Hamán el Amalecita a través de la tradición de cientos y miles de años. Torquemada, el Supremo Oficial de la Santa Inquisición, que convenció a la Reina Isabel de España de expulsar a los judíos e institucionalizar la Inquisición en la Península Ibérica, fue siempre identificado con Amalec en decenas de libros y escrituras posteriores a la expulsión. Hitler y el nazimo en sí fue siempre considerado por la comunidad judía religiosa como parte del pueblo de Amalec.
No cabe duda que un nuevo Amalec existe en el mundo, ésta vez no es un monje español de la edad media, o un austríaco racista, sino un jeque shiita árabe y su secuaz persa. Los conflictos territoriales entre Israel por un lado y Egipto y Jordania por otro, fueron resueltos primeramente a través de las armas y de las guerras, y luego a través de la política y la diplomacia, llegando a la conclusión de dicho capítulo con la firma de tratados de paz y cooperación.
En el año 2000 el ejército israelí se retiró completamente de todo territorio libanés, ocupado por 18 años. Seis años después, sin ningún motivo aparente, Naserallah ataca a Israel, apoyado desde afuera por Siria e Irán. Pero ésta no es la verdad. Naserallah tiene motivos de sobra para atacar a Israel. El único motivo, obligatorio y suficiente, es el puro odio contra Israel y contra el pueblo judío.
Espero que nadie se confunda, el problema entre Naserallah e Israel no es el problema entre Israel y los palestinos. Los territorios palestinos fueron conquistados por Israel en el año 1967 y desde ese entonces ocupados. A través de la devolución de esos territorios, un Estado palestino puede crearse y de esa manera terminar el conflicto, proceso que comenzó hace ya un año cuando Ariel Sharón ordenó la evacuación completa de la franja de Gaza. El proceso, en realidad, comenzó muchos años antes, cuando Itzjak Rabin y Shimon Peres firmaron con Yasser Arafat los acuerdos de Oslo. Terminado el problema territorial, seguramente terminará con él el problema del odio mutuo y la rivalidad.
Hizballah y Naserallah, en cambio, no tienen nada que ver con conflicto territorial alguno. Recordemos que Hizballah fue el autor del atentado contra la AMIA, una institución judia, no israelí. Hizballah y Ahmadinejad son Amalec en el más profundo sentido del concepto. El entendimiento de esta conclusión y sus resultados prácticos, es algo que prefiero dejar al libre albedrío del lector.









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