Variaciones sobre politeísmo e idolatría en el Tanaj
- Jan 1, 2005
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¿Cuál fue la finalidad de los autores bíblicos de introducir entre las sabias líneas del Tanaj, indicios de politeísmo? ¿De qué manera llega a imponerse el monoteísmo a través de la escritura bíblica?
Existen muchos pasajes en el Tanaj (la Biblia) que describen idolatría y politeísmo tanto por parte de pueblos vecinos a los israelitas como por parte de los propios judíos. En todos estos casos siempre se describen estos actos como repudiables e inmediatamente después puede uno entender cual es el pecado y cual es su castigo. Estos son casos en los cuales el Tanaj habla de idolatría a propósito, para darle una lección al lector potencial, sobre los peligros de las creencias heréticas.
Sin embargo, existe mucha idolatría y politeísmo subliminales, que justamente los autores del Tanaj hubieran querido, en mi opinión, ocultarlos lo máximo posible. A pesar de esto, las pruebas son irrefutables y por demás entendibles. Desde un punto de vista más antropológico que histórico, es claro que el judaísmo monoteísta se formó con el tiempo. La tremenda influencia de las culturas vecinas, todas politeístas e idólatras, creó al principio cierto tipo de sincretismo religioso, combinando las ideas teológicas que gobernaban el Medio Oriente con las nuevas ideas monoteístas, de carácter revolucionario. Es este sincretismo un mal necesario, desde el punto de vista de aquellos que quisieron promover el ideal monoteísta. Por un lado es el camino más rápido para la inserción de nuevas ideas, pero por otro puede ser una excelente plataforma para el regreso a las ideas politeístas. Uno de los más claros textos que refleja este elemento es la primera versión del Génesis.
Introducción a la introducción
La Biblia comienza con la descripción de la creación del mundo por parte de Dios. Este relato tan básico, tan primordial, tiene dos versiones. La primera es la que se puede leer en los pasajes que van desde el Génesis I versículo 1 hasta el 31 y los tres primeros versículos del capítulo II. La segunda versión de la creación comienza en el capítulo II versículo 4 hasta el final del capítulo y en sí continúa con el capítulo III, la expulsión del paraíso y demás. Veamos a continuación las principales diferencias entre ambas versiones. Cabe aclarar que nos referiremos al original en hebreo y no a las diferentes traducciones al español.
En la primera versión la creación se depliega a lo largo de seis días, llegando al gran finale, el séptimo día con su mensaje de descanso. En cada uno de los días algo nuevo es creado por Dios. El día sexto Dios crea al hombre a su imagen y semejanza, macho y hembra al mismo tiempo. El relato se concentra de forma obsesiva con el paso de los días y la descripción de cada uno. La creación en sí es sumamente descriptiva y ordenada. Y para terminar se nos dice que Dios ve que “era bueno”, como una especie de aprobación o justificación.
En la segunda versión no existe la división en días y, si en la primera el texto nos quiere llevar a un mensaje final que tiene que ver con el Shabat, en esta versión el objetivo del relato de la creación es introducirnos al relato del paraíso y de Adán y Eva. La descripción de la creación es bastante rápida y falta de detalles. Esta versión es de corte agrícola, resaltando la importancia de la tierra y la lluvia. El hombre no es creado a imagen y semejanza de Dios, sino del polvo de la tierra. El hombre es creado solamente macho, recibiendo un nombre (Adán) y luego la hembra es creada de una de sus costillas (Eva). La historia tiene como objetivo al hombre y a su conexión con la existencia en el planeta tierra (la conexión con la tierra misma).
Como ya mencionamos, nos referiremos a la versión hebrea del texto, la original, con libre traducción para el lector de habla hispana. La diferencia más importante y más contundente entre ambas versiones es que la primera Dios es referido como Elohim (אלוהים) mientras que en la segunda es referido como Yehová (יהיה). Los investigadores académicos del Tanaj fueron aún más profundo en el texto y se dieron cuenta de que, a lo largo de todo el Tanaj, uno de ambos nombres es usado, pero muy pocas veces los dos aparecen juntos en el mismo pasaje, o inclusive en el mismo versículo. De ahí la categorización tanájica del texto “jehovista” o J source y de texto “elohista” o E source. Existen además otras dos categorías nombradas como P y D, las cuales no discutiremos en este artículo. La palabra elohim consiste del elemento el o eloha(= dios) y el sufijo im que indica el plural masculino. En otras palabras el nombre Elohim significa dioses, así, en plural. La ortodoxia y la ultraortodoxia han buscado muchas explicaciones, varias de ellas muy ridículas, para escapar de esta paradoja. Lo cierto es que el nombre Elohim es en plural y esto demuestra la raíz politeísta del texto bíblico que, aún siendo un gran manifiesto de monoteísmo extremo, conserva la tremenda influencia de las culturas vecinas a los antiguos hebreos. La prueba es la primera y parte de la segunda versión de la creación.
Dioses ad libitum
“(1) En el principio creó Dios (Elohim) el cielo y la tierra.
(2) Pero la tierra era un caos (tohu v’bohu) y las tinieblas (joshej) estaban sobre la faz del abismo (tehom), y el espíritu de Dios (Elohim) flotaba sobre la superficie de las aguas (hamaim).”
Es decir, Dios crea la tierra y el cielo, pero cuatro entidades existían ya, sin que Dios las creara: el caos, las tinieblas, el abismo y las aguas. ¿Quiénes o qué son estas entidades? Siguiendo la lógica monoteísta, ¿cómo pueden existir si Dios no las ha creado? Digamos que lo lógico sería encontrarnos con un texto que dice algo así como “en el principio no había absolutamente nada fuera de Dios, y luego Dios creó la tierra, el cielo, el agua, etc.” Sin embargo, este no es el caso.
El relato sigue de la siguiente manera:
“(3) Y dijo Dios: “Haya luz” y hubo luz.
(4) Y vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas (joshej).
(5) Y llamó Dios a la luz Día (yom) y a las tinieblas Noche (layla), y fue la tarde y fue la mañana del día primero.”
También aquí existen algunos puntos de discusión y cuestionamiento. Dios crea la luz y la separa de las tinieblas, en lugar de crearlas a ambas. El primer día comienza con las tinieblas, la tarde, y concluye en la mañana, el día, la luz. Primero la noche, la entidad más antigua, y luego la luz, la nueva entidad, ésta sí creada por Dios. El día completo, 24 horas, es un día lunar, como en todo el calendario hebreo. Comienza con la salida de la primera estrella y la luna y culmina al otro día cuando la luz se acaba. Pero fijémonos que un día lunar existe sin que aún exista la luna... La respuesta es sencilla. El calendario hebreo es original de la civilización acadia, también llamada sumeria. Esto lo sabemos no sólo a través de hallazgos arqueológicos sino también simplemente analizando los nombres de los meses del calendario “hebreo” como jeshván, kislev, tevet... todos estos vocablos no son hebreos sino, que desde el punto de vista lingüístico pertenecen al idioma sumerio antiguo, que luego influyó directamente en el arameo y en el hebreo. Es de suponer que en la parte oriental del Medio Oriente Antiguo, este calendario era el más común. Dios, el dios hebreo Elohim, no crea a la noche, ésta ya existía, pero le da nombre, de esa manera posesionándose por encima de ésta como el más poderoso de los dioses.
Vayamos entonces a otros textos, pertenecientes a otras culturas, los cuales describen también la creación del mundo. Las dos culturas más importantes de la época, durante la formación y maduración de el etos nacional judío fueron la cultura mesopotámica ya antes mencionada (la civilización sumeria que posteriormente formará la raíz de la cultura babilónica) en oriente, y la cultura egipcia antigua en occidente (que servirá en muchos casos como la base teológica y cultural de la mitología griega).
El mito sumerio más importante y relevante es la saga de “Guilgamesh”. En este texto se describe la creación del mundo por parte de los dioses y en él encontramos muchas similitudes con el texto bíblico, pero antes de entrar en detalle cabe aclarar que, a ciencia cierta, el texto mesopotámico fue escrito por lo menos mil años antes que el Génesis. El dios supremo Enlil (nótese la base idiomática común con la palabra elohim), separa el cielo de la tierra. A su lado se encuentra Enki, el dios de las aguas y de los abismos.
En la tradición acadia (la fase más tardía en la historia mesopotámica y más cercana a los babilonios), la creación es parte del texto conocido como “Enuma Elihoshi”. En esta versión el mundo es creado utilizando las aguas abismales dulces (representadas por el dios Apsu) y las aguas abismales saladas (la diosa Ti’amat). Estos dos dioses, macho y hembra se unen, dando lugar a todos los demás dioses del Panteón Mesopotámico, cada uno representando un fenómeno natural. Uno de los descendientes de Apsu y Ti’amat es Marduk. Más adelante Ti’amat se levanta en contra de sus descendientes y comienza a eliminarlos. Marduk es coronado supremo Dios y su misión es destruír a Ti’amat. Al hacerlo separa el cuerpo de la diosa en dos partes, creando la tierra y el cielo. Luego Marduk sigue con la creación, de forma muy parecida a la teogonía hebrea. Le da funciones a los dioses pequeños, como ser el sol y la luna, y al final crea al hombre.
Más allá de estas similitudes, cabe resaltar que Marduk crea al mundo con la palabra, dándole órdenes al resto de los dioses. En la mitología egipcia pueden encontrarse muchos elementos comunes, tan sorprendentes que tal vez cuesta creerlo. Nun, el padre de todos los dioses, existe al principio solamente dentro de la materia prima de la cual crea el mundo, descrita como un gran océano infinito (de nuevo vemos el elemento del agua como materia prima). Recordemos que en la continuación del Génesis la tierra es creada cuando las aguas son separadas y la parte “seca” es revelada (I, 9-10). El hijo de Nun, Atum, el dios creador, se aparta de las aguas en forma de montaña, y da nacimiento a Shu (el dios del aire), a Tefenet (el dios de la lluvia). Éstos dos dan nacimiento a Geb (dios de la tierra) y a Nut (dios de los cielos), que al nacer estaban juntos y luego fueron separados por su padres...
Es de esta tradición egipcia de la cual toma sus raíces la creación griega. El primer elemento es el Caos, el dios más antiguo de todos, padre de todos los dioses. Él dará nacimiento a Erebo y Nix, es decir, las tinieblas y la noche. Luego los dos hermanos se unirán para crear al Tártaro (el abismo), el Éter (el aire) y la Aurora (el día, la luz) y el Eros (el amor). Otros dioses antiguos son Urano (el cielo) y Cronos (el tiempo). Más adelante los titanes y gigantes que surgen del abismo luchan contra Zeus, y cuando éste es victorioso se corona como el Rey de los Dioses.
“(6) Y dijo Dios: “Haya una separación (rakía) dentro de las aguas (hamaim) y separán las aguas de las aguas.
(7) E hizo Dios la separación (rakía) y separó las aguas que estaban debajo de la rakía de aquellas que estaban por encima de la rakía, y así fué.
(8) Y le llamó Dios a la rakía cielo (hashamaim)...
(9) Y dijo Dios “que se junten las aguas debajo del cielo en un lugar y se revele lo seco (yabashá), y así fué.”
Las diferencias y las similitudes
Hagamos entonces un resumen de las diferencias y similitudes entre estos primeros versículos de la primera versión de la creación y las historias de creación en las mitologías vecinas. En todas el principio era confuso o desordenado (tohu v’bohu), falto de forma, y los dioses creadores traen consigo el orden, la especificación de los diferentes componentes del mundo (el cielo, la tierra, el mar, etc.). En todas, la creación se desarrolla a través de la palabra de los dioses. Y finalmente, en todas, se desata algún conflicto o guerra entre los dioses para que la creación sea completa (“y separó la luz de la oscuridad”..., “y el espíritu de Dios flotaba sobre la faz de las aguas”). Sin embargo, existen también algunas diferencias. La más admirable es la introducción por primera vez de la idea monoteísta.
El autor del Génesis, el escritor del E source, es un monoteísta que trata de imponer su idea a través del paso gradual del politeísmo al monoteísmo. El escritor del J source, en este aspecto, es muy distinto y no trata de motivar al politeísta a ser monoteísta, sino que desarrolla la idea monoteísta a fondo. Los proto-hebreos son politeístas e idólatras y para convertirlos al monoteísmo de forma segura, las mitologías antiguas deben ser eliminadas gradualmente. Es así como las tinieblas, el abismo, el caos, todos dioses antiguos conocidos y venerados por los proto-hebreos, sucumben ante el nuevo Dios, el que comienza a ser el único Dios, pero su nombre conserva la base politeísta, para aplacar el golpe del cambio. Es como “comer la torta y dejarla entera”. Por un lado fijar rotundamente que existe un solo Dios, y por otro decir que ése unico Dios venció a otros dioses. El proceso de “demitologización” en el texto bíblico utiliza los propios mitos del Medio Oriente como herramienta.
El tema es fascinante y es casi imposible desarrollarlo a fondo en solamente un artículo, pero de alguna manera podemos alegrarnos con la idea de que presentamos algunas ideas interesantes para la reflexión. De aquí en más el lector puede seguir con su propio análisis...









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